Había una vez, en una tierra muy lejana, un joven que se llama Beltrán.
Beltrán vivía en una casita muy pequeña, en medio del campo, con sus
padres y dos hermanos mayores. En esa casa cada uno tenía su función pero en
esa casa no había trabajo para Beltrán y sus padres le propusieron que fuera a
la gran ciudad a buscar trabajo.
Así empezó su aventura, cogió lo poco que tenía y se marchó, triste por
tener que separarse de su familia pero contento y nervioso por la nueva
aventura.
Su camino en la ciudad no era fácil, a penas tenía estudios y no se
había formado en ningún oficio porque lo que todas las respuestas que recibía
eran: “ si no tienes experiencia no podemos ayudarte”.
Según pasaban los días y los meses Beltrán se iba haciendo más mayor y
más valiente, ya no tenía miedo de enfrentarse a lo que le pasaba pero estaba
tan triste y desesperado que no sabía que hacer, la comida se le acababa y ya
casi no tenía dinero.
Comenzó a pasear, alejándose del ruido de la gente… ¡cómo echaba de
menos su campo, sus animales!... vio un precioso árbol, muy alto, tan alto, tan
alto que no conseguía ver donde terminaba y que daba una sombra tan grande que
decidió tumbarse a descansar y dormir un rato y pensar que podía hacer.
Cuando estaba allí sentado vio como se acercaba algo muy rápido, una
mancha verde que se le acercaba a toda velocidad. Beltrán se levantó de un
salto y agarró fuerte un gran palo que estaba junto a él. ¡Cuál fue su sorpresa
cuando vio lo que en realidad era aquella mancha verde! ¡UN DUENDE!
El duende le dijo que estuviera tranquilo, que sabía todo lo que le
había pasado que quería hacer un negocio con él.
Beltrán aceptó pero el Duende le dijo que antes de aceptar tenía que
demostrarle lo valiente que era. Al decir eso Beltrán escuchó un rugido y vio
como se acercaba corriendo un gran oso con el que luchó con la única ayuda de
ese palo que tenía hasta conseguir acabar con el. El duende quedó muy
sorprendido y le dijo que el trato
consistía en que, durante 7 años debía vestir con las pieles de aquel oso encima
de su ropa. Beltrán acepto y el duende le dijo que no era sólo eso, no podría
ni ducharse, ni cortarse el pelo, ni las uñas, ni estar más de una semana en el
mismo sitio. Beltrán volvió a aceptar así que el duende le dio la piel del oso y
le dijo que de un hueco de la piel
podría sacar todas las monedas de oro que quisiera nunca se le acabarían.
Le dijo que pasados 7 años, si lo conseguía se volverían a ver en aquel
mismo lugar y además podría quedarse con todo lo ganado en ese tiempo pero que
si no lo conseguía tendría que irse con el duende y servirle.
En ese momento Beltrán metió la mano en un hueco de la piel y sacó un
puñado de monedas de oro. Así que lo que hizo fue comprar una bonita casa,
hacer un agujero en el suelo y esconder ahí un montón de monedas, tantas que le
ayudaran a vivir tranquilo el resto de su vida.
Después se dedicó a ir de pueblo en pueblo, ayudando a la gente de la
calle regalándoles monedas de oro. La gente le quería y le respetaba allá por
donde iba.
Pero según iban pasando las semanas, los meses, los años su imagen era
cada vez peor, la barba y el pelo eran cada vez más largos y cada vez le
costaba más encontrar una posada en la que le dejaran quedarse. Peso a esto
Beltrán seguía ayudando a la gente,
sacando monedas de oro de la piel del oso y regalándoselas a la gente
que más lo necesitaba.
Una fría noche de invierno Beltrán fue a resguardarse del frío y la
lluvia a una posada pero el dueño le dijo que no, que iba a dar muy mala imagen
y que, como mucho, se podía quedar a dormir esa noche en las cuadras.
Beltrán accedió y fue a acomodarse entre unos montones de paja que allí
había.
A la mañana siguiente escuchó un ruido que le despertó y fue
acercándose poco a poco, era una preciosa joven, estaba sola y llorando y
Beltrán, sin dejarse ver, le pregunto a la joven que era lo que le sucedía y
ésta le dijo que lo había perdido todo, unos malhechores se habían llevado su
caballo y el poco dinero que tenía y que no sabía como iba a conseguir volver a
casa. Beltrán le dijo que él podía ayudarla pero que, cuando le viera por favor
no se asustara, Leonor, extrañada, le invitó a salir de su escondite y cuál fue
su sorpresa al ver a aquel hombre, con tanto pelo y tanta barba que no se le
veía la cara y con una suciedad que no ayudaba en absoluto. Beltrán sacó de la
piel de oso un puñado enorme de monedas y se las regaló y, pese a que su
aspecto no era el más agradable, Leonor le invitó a acompañarle y quedarse en
su casa el tiempo necesario. Beltrán accedió y estuvo en su casa una semana.
Durante esa semana se conocieron y se empezaron a enamorar pero Beltrán debía
marcharse. Sacó un anillo de oro y lo partió por la mitad diciéndole a su amada
que era hora de marchar pero que volvería por ella.
Beltrán siguió su viaje, de pueblo en pueblo, semana a semana, mes a
mes… sin poder quitarse a Leonor de la cabeza.
Y por fin llegó el día. El día que hacía 7 años que había hecho aquel
trato con el duende. Allí le espero, debajo de aquel árbol que seguía tan alto
como siempre. No tardó mucho en llegar el duende cabizbajo y enfadado pues no
se esperaba la victoria de Beltrán. Éste muy contento le devolvió la piel de
oso y le exigió que antes de marcharse le devolviera su imagen de antes y así
fue. Beltrán corrió a buscar a Leonor a lomos de un caballo blanco está se sorprendió
cuando vio colgado del cuello de aquel apuesto hombre la mitad de su anillo.
Se fundieron en un bonito beso y fueron a vivir a la casa que Beltrán
había comprado, donde vivieron felices para siempre.
Colorín, colorado, este cuento ha acabado.
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JUSTIFICACIÓN:
He adaptado este cuento para
niños de 5 años.
Es muy importante antes de adaptar un cuento a una edad tener en cuenta
los aspectos que podemos encontrar en los niños a estas edades. A los 5 – 6 años
los niños comienzan a imitar roles de gente a la que admita (periodo de
reprensentación), en este caso, verán a Beltrán como alguien a quien admirar y
en muchas ocasiones querer imitarle (en juegos…)
Según G. Allport entre los 4 y los 6 años se encuentra en su quinta fase de formación, la fase de la auto imagen global, en la que le dan mucha importancia a las valoraciones que los demás hagan de ellos y por ésto construyen un "yo ideal" con e que se compara. Por eso tenemos que tener cuidado con las etiquetas que en ocasiones se les pone a los niños o con las comparaciones que hacemos.
Podemos decir que éste era un cuento maravilloso, en que se ven aspectos religiosos como la aparición del demonio, perder el alma... Para adaptarlo a niños de esta edad he pensado que era mejor cambiar el demonio que puede asustarles por un personaje mágico como puede ser un duende para, de esta forma, no sólo quitar el personaje que puede asustarles sino también quitar los aspectos religiosos.
Para que los niños identifiquen a los personajes muy importantes les hemos dado nombres de la época para conservar el encanto del folclore:
Protagonista: Beltrán.
Chica de la que se enamora: Leonor.
El personaje del duende también es muy importante ya que es con el que hace el trato pero, al ser un personaje maravilloso y no aparecer más duendes no es necesario que reciba ningún nombre.
A los padres y los hermanos no les he dado nombre porque son personajes secundarios y no es necesario.
Del cuento anterior he omitido la parte de la guerra y la disputa con sus hermanos por la muerte de sus padres ya que es algo que probablemente no entendería y a cambio Beltrán se va fuera a buscar trabajo, que es algo que, debido a la situación actual, pueden entenderlo mejor porque lo hayan vivido en casa...
También como he dicho anterior mente desaparece la figura del demonio y la venta del alma a cambio del duende mágico.
He mantenido el tiempo que el protagonista tiene que conseguir estar con la piel de oso para ganar el trato.
Y sí he cambiado la forma en la que el protagonista conoce a la chica para que no fueran tantos personajes, la conocer a ella directamente, ayudándola sin que el padre la tenga que entregar para casarse y sin que nadie tenga que ahorcarse.
Referencias bibliográficas
Apuntes de literatura infantil.
Apuntes desarrollo socioafectivo. IES Villaverde.





